sábado, 14 de julio de 2018

No son muros. Son oportunidades

No me gusta la palabra muro. Por eso no concibo que los periodistas, tan experimentados en domar palabras y expresiones, hayamos bautizado como muros de pago lo que en realidad se trata de una ventana de oportunidad para sacar la cabeza (al otro lado) y empezar a ganar el futuro poniendo en valor nuestro trabajo.

Leí recientemente que La Vanguardia explora "muros de pago", al igual que otros diarios de prestigio, para su plataforma móvil. The New York Times ya hace tiempo que decidió apostar por más lectores y menos visitas. No tengo nada contra las visitas, pero lo que no entiendo es que los periodistas anden por ahí lanzando titulares para agarrar del cuello al primero que pasa sin importarles que luego, al abrir éste la puerta de la nevera, resulte que no hay contenido.

Ya hace bastante tiempo que pienso que los diarios deben ofrecer gratis aquellos contenidos por los que ya pagan; es decir, los que le suministran las agencias de noticias, y apostar por contenidos propios a un precio razonable por pieza. En vez de mandar a sus periodistas a competir con los agencieros para hacer lo mismo, los diarios deberían enviar a sus periodistas a hacer aquello que nadie está haciendo. Las agencias ya le van a cubrir el flanco de la noticia de actualidad, y además de manera eficiente, filtrada de rumores, contrastada y -me atrevo a decirlo- con unas tarifas más que razonables.

Tan razonables que incluso también de vez en cuando ofrecemos exclusivas.

Si me lo permiten, señores editores, envíen a sus periodistas a buscar historias propias, pónganles en valor y a continuación hagan lo más honesto que pueden hacer por ellos y por ustedes: tasen un precio por su trabajo.  El mundo está cambiando y necesita una explicación honesta, fiable y contrastada. Mucha gente ya paga por música, por sus series favoritas. Ahí afuera hay gente que está dispuesta a pagar un precio razonable para evitar la factura ruinosa que le supone andar por ahí todo el día mirando el móvil y acabar siendo la generación más desinformada de los últimos cincuenta años.

sábado, 9 de junio de 2018

Cuando reconocer un error y rectificar fortalece la credibilidad

Alguna vez ya he dicho que las agencias de noticias sólo son noticia cuando se equivocan. Lo cierto es que hay un punto de injusticia en ello, ya que las agencias pueden transmitir al día del orden de quinientas noticias y el porcentaje de errores es ínfimo, pero los errores, sobre todo cuando se trata de una noticia importante y avalada por una marca creíble como una agencia de noticias, penalizan más que los aciertos.

La razón de ello reside en que un error de agencia arrastra en cadena a todos aquellos medios de comunicación suscritos a su servicio y que se fían a la credibilidad de este proveedor a la hora de publicar sus avances y alertas. Las agencias de noticias son un faro de credibilidad en el actual océano de noticias falsas o medias verdades. La fiabilidad y la rapidez son sus sellos de identidad, por eso el equilibrio entre ambas condiciones son cada día un elemento más importante a la hora de juzgar el trabajo de una agencia.

El otro día la agencia alemana DPA cometió un error en su servicio internacional respecto a una información referente a la política catalana. Un buen número de medios suscritos a este servicio reprodujeron exponencialmente este error. La peor pesadilla para una agencia de noticias se había materializado: ser noticia en lugar de servir noticias.

No obstante, considero que es justo reconocer un gesto que honra a DPA como una agencia de noticias seria y fiable. Lo primero es que, si bien difundió una información errónea por un fallo interno de producción, enseguida supo rectificar, reconocer el fallo y ofrecer la información correcta. Apenas detectado el error, DPA abrió un hilo en twitter pidiendo disculpas, rectificando y ofreciendo la información correcta.

Y he aquí uno de los principales activos de una agencia de noticias: Reconocer el error tan rápido como se transmite una noticia. Ocultar un error es una debilidad, rectificar y pedir disculpas es un gesto de fortaleza y credibilidad. En estos tiempos de noticias que se "descuelgan" o se sustituyen por la versión correcta sin más, como si el lector no mereciera ninguna explicación o como si jugáramos a esconderle la bolita aprovechando que en ese momento no estaba conectado, es de agradecer y reconocer la honestidad y el valor de DPA para no esconderse ni ofrecer excusas.

Detalles como este son los que refuerzan y ponen en valor el esfuerzo de las agencias de noticias por ofrecer un periodismo de calidad, de rigor y honesto.

jueves, 16 de febrero de 2017

Mejor rebuscar en la basura que revolcarse en ella

Los medios de comunicación que viven y quieren seguir viviendo de su marca y no sólo del número de clips ya deberían estar creando una nueva sección y destinando a ella a sus mejores periodistas. Se trata de la sección de Verificación, que vendría a ser más o menos lo que las viejas secciones de investigación -que con la crisis y la falta de recursos humanos fueron disolviéndose a golpe de ERE- pero en este caso dedicadas a verificar, o más bien a desmontar, determinadas informaciones falsas o medio verdaderas -es decir, inexactas y manipuladoras- que corren por las redes sociales y por más de un medio de comunicación disfrazadas de información.

La sección de verificación tendría dos objetivos claros: desenmascarar la mentira y contribuir a un debate democrático sano. Eso, más o menos, coincide con una profesión que hasta no hace mucho tiempo se llamaba periodismo, sin apellidos y sin posverdades.

Y además contribuirían a restablecer un vínculo con la sociedad más decente -y rentable a medio plazo- que eso que llamamos usuarios, seguidores o followers... un vínculo de confianza y credibilidad con todos aquellos que, entre el tsunami de información que corre por esas redes, vuelva al sano ejercicio de contrastar y verificar si es cierto o no acudiendo a su marca periodística de cabecera. Quizás valdrá la pena pagar un poco por estar informado a cambio de que no nos conviertan en radicales de una u otra causa. El populismo entra gratis pero siempre acaba dejando una factura que acaban pagando las siguientes generaciones.

El periodismo siempre rebuscaba en la basura. Es cierto, pero no es lo mismo rebuscar en la basura que alimentarse de ella, y mucho menos que revolcarse en ella. De tanta basura que corre por ahí debe salir una oportunidad de negocio para el periodismo y -por fin- de un negocio orientado a lo que debe ser el periodismo, a lo que debe aspirar cualquier joven que, desoyendo seguramente a todo el mundo decida dedicarse a esto no para ser activista de una causa o divulgador de sus opiniones, sino por el simple hecho de querer explicar lo que pasa desde una perspectiva profesional. El periodismo es un negocio, claro que sí, pero es un negocio que vive de la responsabilidad y de la credibilidad. ¿O es que sólo pueden ser sostenibles las empresas de comida orgánica?

Pues eso, busquemos entre la basura y saquemos a la luz y denunciemos lo que es basura. Mancharse las manos es  necesario a veces, pero lo que sobra es ese perverso empeño en salpicar la porquería por todos los medios que tienes a tu alcance.

El diario Bild, líder en circulación en Alemania, ha reconocido que la noticia que difundió sobre robos y abusos sexuales de refugiados en una "noche de terror" en Francfort fue inventada. Su director ha pedido perdón "por nuestro propio trabajo" y por "sus consecuencias"....

Y lo ha hecho en un mensaje de twitter... 





miércoles, 25 de enero de 2017

Robots interpretando a Messi



Hablaba el otro día con un experto internacional en publicidad digital y me explicaba que ya existen robots capaces de narrar en vivo acontecimientos como, por ejemplo un partido de fútbol.

Mi alma digital se entusiasmaba con la explicación en la misma medida que mi ADN de papel se retorcía pensando en miles de puestos de trabajo de periodistas perdidos en los próximos años.

-Eso está muy bien, ¿pero un robot es capaz de distinguir entre un futbolistas que se cae y uno que se desploma por un infarto?... 

Toma esa...

-...Lo llegará a diferenciar -respondió mi interlocutor-

-¿Y sabrá qué está haciendo Messi cuando tira un penalty a lo Cruyff? ¿No se hará un lío narrativo la máquina?

-Le meterán al robot esa variable y reconocerá la jugada...

-Pero muchos periodistas perderán su trabajo...

-No, simplemente se adaptarán a hacer otras cosas...

No quise llevar el debate al infinito, pero me quedé pensando: 

¿Y qué cosas puede hacer un periodista que no sea explicar hechos y buscar noticias?

En teoría, esos "robots" que harán de periodistas deberían amenazar, básicamente, los trabajos de mesa. ¿O acaso enviaremos robots a ruedas de prensa o a cubrir una campaña electoral?...

Entonces, quizás el único periodismo que tiene futuro es el de calle, el de corresponsal de a pié...

Justo el que peor se paga, el que entre todos hemos convertido en territorio de precariedad; donde se pide antes el carnet de autónomo que el de periodista....

¿No sería el momento de empezar a pensar diferente? Hace muchos años el periodismo se viene desquiciando sobre los procesos y los formatos y se preocupa muy poco por lo que realmente es su activo más valioso: el contenido.

Pero hoy día se paga mejor a los creadores de opinión y de análisis que al que fabrica -sobre el terreno- los contenidos.

Seguiremos pensando en ello


sábado, 12 de noviembre de 2016

El periodismo apenas sabe chapotear en el fango

Al principio de la crisis económica y de sus efectos sobre el negocio periodístico una de las reacciones más comunes dentro y fuera del sector fue asegurar que una de las causas de la caída de las ventas y del cierre de diarios era la pérdida de credibilidad de los medios tradicionales frente a los nuevos medios digitales.

Se argumentaba que los nuevos medios digitales, más frescos y democráticos por su carácter gratuito, eran además más auténticos porque permitían la interacción ciudadana. Se creaba así una especie de control democrático del ciudadano al periodista, capaz de corregir a éste o de aportarle nuevos puntos de vista o nuevas opiniones u objeciones a su trabajo.

Conceptualmente esto era fantástico, sin ninguna duda. El problema es cuando la participación ciudadana se vendió como periodismo ciudadano y cuando la aportación ciudadana se confundió con una fuente de noticias.

Yo puedo ver fuego y tuitear que hay un incendio. Puedo oír una explosión y decir que ha habido una explosión. Puedo hacer fotos, videos y compartirlos por la red.

Pero yo no puedo entrar en el lugar de ese incendio  y pormenorizar sus causas, su radio de acción, sus consecuencias exactas. Tampoco estoy capacitado ni autorizado para determinar el origen de la explosión, sus causas, su grado de afectación, la cuantía de los daños económicos. Para eso están los bomberos, los peritos… Esas son las fuentes. Y las fuentes hablan con los periodistas acreditados. 

Así es como trabajamos. Ese es el método de nuestro trabajo. Pero este método necesita de un poco más de tiempo del que precisa una media verdad o un infundio para multiplicarse por las redes sociales. Ahí sí que nos falta poder para detener la hemorragia. Nos llaman aún el cuarto poder, pero lo que nos falta es, simplemente, una quinta velocidad para quebrar la cintura al infundio. 

Probablemente nunca la verdad sea más rápida que la mentira en internet. Probablemente nunca será más rápido verificar un hecho que contar simplemente lo que quieres que pase o crees que está pasando. Pero, por fortuna, cada vez veo más ciudadanos que empiezan a desconfiar de lo primero que ven por la red. 

Se empieza a superar esa fase de "es que lo dice internet" y a volver la vista a la marca que está detrás de esa información. Será un proceso lento. El periodismo apenas sabe chapotear en el fango, mientras que el rumor nada como un torpedo. 

De todas formas, el periodismo del siglo XXI, el periodismo digital, está en plena adolescencia. Sólo llevamos 16 años de un nuevo siglo que desde 2001 gira más rápido de lo que nunca habíamos visto. El éxito periodístico del Watergate no llegó hasta los setenta del siglo pasado.

Mientras tanto, las redes sociales seguirán declarando mil incendios cada hora, aunque probablemente 999 sean sólo un avistamiento de humo.   


viernes, 28 de octubre de 2016

El mérito de no ser noticia

Las agencias de noticias solamente somos noticia cuando nos equivocamos. No somos populares, apenas salimos en las tertulias y casi nunca nos llaman a participar en encuentros y congresos sobre periodismo.

Sin embargo en torno al 80% de la información que circula por el sistema informativo y de redes sociales se produce desde una agencia de noticias. Sólo hay que pararse cinco minutos y hacer una comprobación práctica abriendo un medio digital o echando una mirada a twitter para corroborarlo.

Es curioso, pues, que las agencias y sus periodistas, los "agencieros" apenas tengan foros para expresar su punto de vista sobre la vorágine de cambios y de retos a los que se enfrenta el periodismo. En un mundo de listas, muchas veces no saben dónde clasificarnos en la tipología de medios de comunicación. Ni siquiera entramos en las listas de "viejos" y "nuevos" medios. Simplemente no existimos mediáticamente. Supongo que algo parecido sucede con el oxígeno. No reparas en él hasta que no puedes respirar.

El drama de las agencias es a la vez la medida de su valor. Sólo somos noticia cuando cometemos un error, o cuando alguien ha dicho que no ha dicho lo que aparentemente dijo y entonces todo el mundo se gira y nos señala con el dedo.

Y ahí estamos. No podemos borrar de los archivos la notícia. No podemos sobreescribirla y enviar la versión anterior al cementerio del ciberespacio. Nada de eso. Si te equivocas toca repetir, y por si fuera propio -somos empresas con vocación de servicio- hay que poner en letras bien grandes y visibles la palabra "corrección".

Pero decía que en este drama reside también el valor de las agencias. Somos noticia muy pocas veces, y eso demuestra que, en una selva informativa cargada de verdades, media verdades, sobreentendidos y pseudonoticias, las agencias siguen ahí, peleando por causas ¿perdidas? con banderas antiguas: la de los datos, las  fuentes...

Y ahí seguimos, empeñados en una misión casi romántica de preservar lo más que podamos de las viejas reglas de este viejo oficio: el qué, el quién, el cuándo, el porqué, el cómo... viejas herramientas para explicar un futuro que aún no ha nacido en un mundo que no acaba de morir.

Después de todo, internet es una nueva tecnología, no tiene por qué ser una religión. Y la grandeza del periodismo, y probablemente una de sus oportunidades para mantenerse vivo, reside simplemente en un detalle muy simple: contar lo que pasa. No lo que uno quiere que pase, ni lo que todos quieren oír, ni siquiera lo que uno piensa que va a pasar. Demos al ciudadano los hechos, a los economistas los datos, a los historiadores los contextos, a los medios de comunicación noticias fiables, contrastadas y equilibradas. Probablemente así seguiremos siendo útiles.

Para dar golpes de efecto, generar clicks, atraer tráfico y cazar tendencias ya hay otros que lo hacen mejor. Pueden llamarse comunicadores, community managers, coolhunters o youtubers. Pero en ese negocio quizás algún día haya un robot que les supere con creces, a menos coste y sin necesidad de tratar con sus agentes. 

Mientras tanto, lejos de los focos, las tertulias y con poco tiempo porque hay que ir tomando decisiones a cada minuto, el periodismo de agencia de noticias se dedica a hacer y contar. Quizás no sepa hacer otras cosas, pero en lo suyo -contar notícias- aún no se ha inventado nada mejor.

domingo, 16 de octubre de 2016

Dos razones por las que creo –y necesito- comprar periódicos



Ya hace tiempo que cuando alguien se cruza con uno de los nuestros lo primero que te preguntan es: ¿Crees que desaparecerán los diarios de papel?


A base de fabricar respuestas más o menos improvisadas en los últimos ocho años, he llegado a sintetizar dos razones –seguro que hay muchas más- por las que creo que los periódicos no sólo tienen asegurada su existencia por una generación –la de quienes aprendimos periodismo leyendo en papel- sino que seguirán ahí por mucho tiempo, quizás no tanto por méritos propios como por deméritos del periodismo digital.


¿Deméritos del periodismo digital? Bueno, digamos que las circunstancias socioeconómicas no ayudan, pero eso lo explica mejor Ernesto Hernández Busto en un artículo publicado recientemente en El País con el título “El periodismo fantasma”.http://elpais.com/elpais/2016/09/16/opinion/1474035906_009562.html


Pero aún a riesgo de que me acusen de periodista vintage, aquí tienes mis dos razones para seguir creyendo (y lo más importante, necesitando) los periódicos en papel.


1-El diario de papel es todavía el mejor organizador de noticias que conozco. Un periódico jerarquiza y organiza la información de manera que te permite, en un vistazo, comprender el latido de fondo de las cosas que pasan en el mundo. Cuando busco lo mismo en un diario digital veo muchos titulares bailando ante mis ojos como si fuera una caja de bombones en la que cada pieza compite por el color más brillante. Además, ese mosaico digital está lleno de ladrones de tiempo que, indefectiblemente, atraen mi mirada en la misma medida que me nublan el conocimiento:  el último posado de la celebridad –o el celebridad- en una playa de las Bahamas, la última frase más o menos estructurada del concursante del concurso de turno, el último truco para comer suchi con elegancia, la boa contrictor que aparece del fondo de la taza del wáter…. Exactamente, las noticias con más clicks del barrio y que –somos humanos- acaban en más de una ocasión venciendo mi curiosidad y alejándome de mi propósito incicial, ese que busco en un periódico: ver qué está pasando de verdad importante en el mundo.

 

2-Pero la incapacidad –al menos por mi parte- de visionar la realidad –digo realidad, no actualidad- en un diario digital sin caer en mil laberintos y reclamos que distraen mi atención no es exactamente lo que más me lleva a considerar aún necesario que existan diarios de papel. Esta cuestión puede y seguramente será subsanada a medida que el periodismo digital retome su sentido profesional y sepa aislarse y discriminar el tumultuoso ruido de las redes sociales.


Lo que más me preocupa es algo más sutil y que sí creo que está desvirtuando el sentido más noble del periodismo: informar y trasladar a sus lectores una visión plural, equilibrada y democrática de los hechos que conforman la realidad. Concretando: cuando uno busca en el mosaico digital artículos de opinión, tiende –repito, somos humanos- a pinchar aquellos articulistas que, de una forma u otra, reafirman tus propias convicciones. ¿Ves como tengo razón?  Y no cabe duda que el hecho de que alguien con nombre, apellidos y tribuna mediática te conceda la razón crea una agradable adicción…. 


Pero también tu mirada se hace más pequeña, tu visión más estrecha y tu baremo personal de  calidad democrática un poquito más pobre. Al menos los periódicos –los periódicos bien hechos- te ofrecen –ya lo sé, cada día menos- visiones contrapuestas sobre un mismo tema, artículos que no comparten la línea editorial y que, aunque parezca contradictorio, no trasladan al lector más confusión, sino un punto de vista diferente, una ventana abierta que te invita a ponerte en la mirada del otro. No me diréis que eso no contribuye a ir ganando, pasito a pasito, página a página, un poco más de calidad democrática en el mundo.


Hoy por hoy –y es un reto de los periodistas revertir esta situación- los clicks son como aquellas pedradas sin sentido que arrojamos al río para generar más ondas y que de vez en cuando le golpean a alguien en plena cabeza. Con un papel aún podemos construir barcos que se adentran a navegar, a explorar y a descubrir siempre algún detalle nuevo cuando las aguas dejan de removerse y vuelven a ser transparentes.

 




miércoles, 5 de octubre de 2016

"Terminators" del periodismo

Sí, Terminators, pero en son de paz. Resulta que los periodistas de agencias de noticias veníamos del futuro. Toda la vida pensando que ser periodista de agencia era algo gris, poco lucido –no firmábamos, no brillábamos en las tertulias- e incluso un punto anacrónicos respecto a nuestros colegas de prensa, radio y televisión... Y resulta que éramos los más modernos. Vamos, como el Terminator que llegaba a la tierra para decirnos que venía del futuro.

Y es que, cuando no existía internet, los periodistas de agencia ya trabajábamos, razonábamos y actuábamos en tiempo internet. 24x360 versión boli y libreta. Y creed que tenía mérito eso de ser rápidos e instantáneos en un país de cabinas telefónicas, sin teléfonos inteligentes para llamar en cualquier momento a una fuente o que te llamaran para avisarte de una noticia o consultar Google.

Los agencieros íbamos a cubrir informaciones e, inmediatamente recogidos los datos –sí, he dicho datos- dedicábamos un minuto a repasar las notas, elegir un titular, escribir la noticia y transmitirla. Jugábamos sin red, sin ninguna referencia anterior. No podíamos goglear por dónde había tirado la competencia, o qué se estaba diciendo ya al respecto por twitter. Había que tirar el penalti sí o sí, y entre los tres palos. 

A diferencia de ahora, aquella noticia no viajaba inmediatamente al público, sino que salía escupida por unas máquinas llamadas teletipos que llegaban a las redacciones para ser reelaboradas por los colegas de la prensa escrita, que al día siguiente reproducían –o no- el crédito de la agencia.

Éramos terminators del periodismo y veníamos del futuro, porque ya entonces nos hacíamos muchas preguntas. Y, ciertamente, esas preguntas resultaban inquietantes. Teníamos muchos interrogantes que hoy día están al cabo de la calle en el periodismo. Preguntas sin respuesta, que apenas nos atrevíamos a compartir con nadie –teníamos complejo de raros, no vendíamos vajillas con el producto y aún no se había inventado el blog para divagar en vivo y en directo- 

Eran cuestiones como ¿debemos dar prioridad a la rapidez o a la exactitud? ¿una información debe tener al menos dos fuentes que la corroboren? ¿Y si mi titular, lastrado por la limitación de espacio, peca de impreciso o tiende al equívoco?

¿Os suenan estas preguntas? Pues en eso estábamos ya  hace quince o veinte años. Con el añadido de que las informaciones de agencia erróneas no pueden eliminarse del sistema. Ni siquiera hoy, que en internet se corta, se pega se elimina y, ¡voilà! He aquí otro titular. En una agencia si te equivocas de verdad se corrige, y punto. Y no corrige el periodista, sino la marca entera; es decir, cuando te equivocas tú estás comprometiendo la reputación del resto de tus compañeros. Poca broma si tienes la desgracia, la impericia o la mala suerte de equivocarte varias veces en poco tiempo.

Ahora todos chutamos el penalti, que no es lo mismo que echar balones fuera, porque a menudo confundimos llegar el primero con ser los primeros en informar. Y en cuanto a los titulares no hay debate posible, en la era digital hay que elegir las palabras que generen más click, no las que generen más información.   


Y toda la vida pensando que ser periodista de agencia era rutinario y funcionarial y resulta que ya estábamos haciendo la revolución de internet cuando el creador de twitter gateaba en pañales. Y como todos los revolucionarios avanzábamos a ciegas, pero sin detenernos a pensar demasiado. 

Porque el periodismo se hace, no se corta, ni se pega. Y consiste en explicar lo que pasa, y no lo que uno quiere que pase....

Aunque vengamos del futuro

sábado, 21 de mayo de 2016

NO ES LO MISMO DAR UNA ENTREVISTA QUE SOMETERSE A UNA ENTREVISTA

¿Es lo mismo dar una entrevista que someterse a una entrevista? En mi opinión no. Algunos –no sólo políticos, también empresarios, escritores, actores- confunden dar una entrevista con “colocar” su mensaje. Es legítimo, e incluso cómodo para el periodista –sólo tienes que poner el micro, cazar el corte de voz y añadir comillas- pero, con todos los respetos, eso no es una entrevista.

Someterse a una entrevista significa que el resultado final puede ser distinto al mensaje que se quiere colocar. Una entrevista es una conversación plagada de interrogantes, por eso su resultado suele ser una frase no prevista, una reflexión a contratiempo, una fugaz idea en medio de tanto soliloquio.
Por eso quienes tienen muy claro su mensaje prefieren dar sus respuestas antes que responder a las preguntas.

En el periodismo de hoy observo más entrevistas con mensaje colocado que entrevistas con noticia ganadas a pulso por el periodista. Hay una cierta derrota del periodista cuando el mensaje preconcebido del entrevistado se impone sobre todas tus preguntas. Probablemente es que tus preguntas no han sido buenas, pero también puede ser que el entrevistado –y especialmente su equipo de comunicación- ha surfeado sobre ellas para dejar el único mensaje que quería depositar en la orilla.

Pasa a menudo. Normalmente nueve de cada diez veces. Y nueve de cada diez veces que triunfa la excepción el entrevistado lanza una enmienda a la totalidad sobre la entrevista. “Yo no dije exactamente eso”.   Naturalmente, uno nunca dice exactamente lo que dice cuando no le preguntan lo que uno espera. Y todavía menos cuando uno no escucha las preguntas que no espera y las despacha con poca atención… Es en ese momento cuando el periodista descubre la perla entre tanta morralla, y el periodismo obra su milagro cotidiano de contar algo nuevo.


Ambas opciones son legítimas, la entrevista con mensaje y la entrevista con noticia. Ambas caben en los medios, pero una es más producto de la comunicación y la segunda pertenece más al mundo del periodismo. 

sábado, 21 de febrero de 2015

¿Primero el titular?


 

La primera vez que entré en la redacción de la agencia de noticias Efe como becario  el redactor jefe que me enseñó a escribir un teletipo me aconsejó que primero redactara la noticia y dejara el titular para el final.

 

En aquellos años (finales de los ochenta) el titular de un teletipo era poco menos que un trámite periodístico, un indicador temático sin ningún futuro. Cuando llegaba a una redacción, el titular era cambiado por el medio en función de su criterio y línea editorial. Por ello escribíamos el titular “en indio”, sin artículos ni preposiciones. Tampoco ayudaba el hecho de que sólo disponíamos de una línea de espacio. No eran titulares, sino un telegrama.

 

Internet cambió todo esto. Los medios empezaron a volcar nuestros teletipos tal y cual lo recibían, por lo que empezamos a ampliar un poco más el espacio para el titular y a introducir artículos, de manera que se pudiera leer con todo su sentido. 

 

Y empezaron a abrirse algunos debates.

 

¿Debíamos hacer titulares más atractivos para captar el interés de nuestros clientes (y del lector final)? ¿O debíamos seguir con titulares planos, meramente descriptivos?

 

Reconozco que es mucho más atractivo titular “El partido Y fulmina a fulanito” que “el partido tal expulsa a fulanito por un presunto caso de malversación en las cuentas internas”. 

 

No hay color, ¿no?

 

Pero el caso es que el objetivo de las agencias de noticias es informar, no epatar. Y no hay manera más democrática de informar que ser preciso, conciso y neutro. Ya pondrá cada uno su gotita de color, su cuota de ego. No me malinterpreten. Me gusta leer titulares creativos y originales, y en las agencias de noticias hay un subgénero llamado crónica que admite titulares más literarios y con gancho, pero sólo me permito escribirlos si cumplen con el núcleo del contrato que hemos firmado con nuestros clientes. Y éste no es otro que ser rápidos, veraces y claros. Prestamos un servicio, norepartimos ocurrencias.

 

Quizás me estoy poniendo demasiado serio (y aburrido) Pero esto de la información es cosa seria. Otra cosa es el negocio de la información.

 

¿Y a qué viene todo esto?

 

Leí el otro día un interesante artículo de Ismael Nafría en La Vanguardia sobre el digital Quartz, un medio nativo digital sobre economía global que está teniendo un exitoso recorrido desde su creación de 2012. Dentro de la fórmula de su éxito figura esta máxima:

 

“Primero el titular: Al preparar una historia, lo primero que se les pide a los redactotres de Quartz es que tengan muy claro el titular, que será también el tuit a publicar”


.http://www.lavanguardia.com/comunicacion/20150217/54427291505/diez-millones-de-usuarios-avalan-el-proyecto-periodistico-de-quartz.html 

 

Bueno, si cogemos lo de trasladar el titular a un tuit ya estamos hablando de otra cosa, pero al menos se me ocurren cinco razones por las que todavía prefiero dejar el titular para el final:

 

1-Evito la tentación de construir el relato de unos hechos en función de una idea de titular preconcebido por el simple hecho de que “suena muy bien” o “impacta como un rayo”.

 

2-Las noticias deben ceñirse a los hechos, pero los hechos están llenos de matices, de pequeños detalles, de precedentes, de opiniones diversas… Si somos periodistas que aceptamos la complejidad, no podemos pretender imponer un titular reduccionista porque simplemente sea más “vendible”. Aquello de “no dejes que la realidad te arruine un buen titular” no puede convertirse, por sí mismo, en una pauta de trabajo.

 

3-Un titular informativo –cuando hay noticia de verdad- engancha por sí mismo. No hay que adornarlo. Cuando abdicó el Papa Benedicto XVI, el titular de ANSA, que dio la exclusiva fue “Papa lascia Pontificato dal 28/2” Os aseguro que todos los medios del mundo “pincharon” la noticia sin reparar en si aquel titular tenía más o menos gancho.

 

4-El periodismo es un oficio y la noticia el resultado de un proceso humano de recogida de datos, investigación, cruce de hechos y redacción final. Si convertimos el titular en el elemento principal, en un mero reclamo, estamos adentrándonos en un territorio próximo, pero sensiblemente diferente: se llama eslogan.

 

5-Podemos atrapar al lector con un titular con gancho, y podemos hacerlo dos, tres o cuatro veces. Pero a la quinta, si la noticia no refleja lo expresado en el titular, saltaremos a la próxima noticia sin ni siquiera detenerse. El titular debe ser la puerta de entrada a la noticia, no una alfombra roja que se acaba en sí misma.  Un titular con gancho pero sin alma es como un mal photoshop. Y enseguida se descubre el truco.

martes, 13 de enero de 2015

En cada becario hay un futuro director de periódico


¡Atención cazatalentos!. Leo en La Vanguardia  http://goo.gl/UH5Yiu, vía EFE http://www.efe.com/  que The Guardian busca nuevo director en su sección de empleo. Quieren encontrar sustituto a Alan Rusbridger, que dejará el cargo el próximo verano tras veinte años de “gran jefe” del rotativo. 

No lo ha hecho mal Rusbridger. The Guardian es uno de los periódicos que mejor han hecho la mudanza digital, y no son pocos los jóvenes periodistas que hoy día lo tienen como consulta de referencia en internet. También han cuidado los contenidos, y el año pasado compartieron Pullitzer con The Washington Post. Por todo ello el actual director pasará a presidir la propietaria de The Guardian. 

Nada que objetar a una decisión empresarial privada. Ni siquiera nada que decir del perfil que se busca: “dedicación a un periodismo abierto e independiente”, ser “embajador y un defensor acreditado de la empresa” o “líder de una organización con ambición global”.

Sí que me llama la atención un detalle. ¿Por qué se externaliza la oferta? ¿No hay talento nuevo más allá de Rusbridger? ¿No hay nadie allí dentro con una visión de futuro? El propio Rusbridger fue redactor y columnista de the Guardian durante ¡16 años! antes de ser director.

Un periódico no es una isla. Forma parte de una empresa, de unos interesases, de una cuenta de resultados. Eso está claro. Pero un periódico es también un estado de ánimo profesional, una cultura en sí mismo. Y esa cultura no se importa, no se improvisa, sino que se construye a lo largo de generaciones de periodistas, de un estilo de periodismo. Por eso me extraña que The Guardian busque nuevo director en su sección de empleo cuando el actual, surgido de esa cultura, ha dado tan buen resultado.

Antes de incurrir en malas interpretaciones no tengo nada en contra de las contrataciones externas. Cualquier medio de comunicación necesita renovar su visión con redactores que proceden de otros medios. Ellos aportan una visión fresca, original, que ayudan a construir ese patrimonio cultural en sí mismo que es un periódico. Pero también reivindico que para dirigir el barco siempre es una ayuda haber trabajado de grumete. En todas partes hay talento, a veces más oculto, a veces más brillante, pero creo que The Guardian debería explorar hasta el último rincón en busca de ese talento que, seguramente, está ahí y que en este momento tiene en su cabeza el presente y el pasado de El Periódico. 

Porque dirigir una empresa no es lo mismo que redirigir un proyecto privado de interés público, que es lo que viene a ser un medio de comunicación privado. Para enfocar el futuro se necesita del legado del pasado y del presente, con todos sus aciertos y errores, pero no se trata sólo de diseñar un plan, sino de haberlo pensado y madurado desde el origen de los tiempos. Un plan de negocio bien diseñado puede salvarte la vida temporalmente, pero hace falta algo más para salvar el alma de un periódico. 

Probablemente acaba de empezar a trabajar un becario en The Guardian que ya está pensando en cómo debe ser su periódico en la década del 2020. Y probablemente hay por ahí muchos redactores, que empezaron de becario, que tienen ganas, voluntad y competencias para tener en su cabeza el futuro de The Guardian.

Busque primero por ahí, señor Rusbridger. Y si no encuentra nada llame entonces a un cazatalentos. Pero el mejor cazatalentos de un periódico para encontrar al nuevo director quizás es usted mismo.


jueves, 16 de octubre de 2014

¿El fin de la exclusiva?

Me preguntaba el otro día un compañero cuántas exclusivas habían dado los medios de comunicación sobre el proceso soberanista en Cataluña durante los últimos meses. De entrada descarté filtraciones, que se encuentran más que se buscan y suelen llegar de manera interesada.  Descarté también las entrevistas en exclusiva, en parte por lo mismo. También desconté de ese listado los artículos en primera persona de los participantes en el proceso... 

Con la lista en blanco, nos preguntamos qué hubiera pasado hace quince años respecto al mismo asunto. Evidentemente, el pasado ganaba sobre el presente. Sin duda, se hubieran revelado más exclusivas sobre el asunto.

¿Acaso están desapareciendo las exclusivas? Esto me lleva a pensar en varias claves que podrían ofrecer algunas respuestas. De momento ahí van tres:

1-No nos necesitan tanto. Los que tienen la información tienen hoy día muchas más alternativas que los medios tradicionales. Además ¿para qué darselo a un solo medio, por ejemplo un periódico por muy prestigioso que sea, si todos pierden lectores y además puede hacerlo circular directamente a todos los ciudadanos a través de las redes sociales?

2-Ya no se pueden ocultar tantas cosas. Probablemente somos la generación más informada de la historia. En los últimos ocho años hemos sabido cosas que permanecieron en secreto décadas: quién fue la "Garganta profunda" del Watergate, la verdad sobre las armas químicas de Irak...Por no decir del serial de revelaciones de wikileaks. A menos secretos  menos exclusivas "a medida" a vender. Con miles de personas "armadas" con teléfonos móviles con cámara y conexión a internet hasta les cuesta reunirse en secreto sin que les descubran. Esto ha quedado patente cuando los partidos pro 9N intentaban consensuar un acuerdo ante el primer rechazo del Tribunal Constitucional.

3-El cortoplacismo no casa con las exclusivas. Los políticos necesitan constantemente estar en la opinión pública cuando apuestan por un objetivo inmediato.  Hablan todo el rato y reaccionan a todo. Conviene una exposición constante porque el que sitúa el mensaje en los medios gana, aunque ello no asegura la consecución final del objetivo. Los proindependentistas escoceses ganaron la batalla mediática, aunque perdieran el referendum.  

jueves, 6 de marzo de 2014

5 razones para creer en una agencia de noticias

Recientemente tuve la oportunidad de dar una conferencia sobre agencias de noticias en el Máster de Dirección de Comunicación de EAE ante un atento auditorio de profesionales de la comunicación. Lo cierto es que fue un cambio de impresiones fructífero y creo que todos aprendimos de todos aquel día.

Os dejo aquí parte de la conferencia que impartí ese día.

Qué es una agencia de noticias?

Una agencia de noticias es a la información lo que el corazón es al cuerpo humano. Bombeamos noticias a los medios de comunicación, las llevamos a todos los rincones del sistema y no paramos de bombear 24 horas al día durante 365 días al año.

Asimismo, una agencia de noticias es el artefacto más sencillo que se ha creado para abordar la complejidad  de informar sobre las cosas que pasan en el mundo. Lo único que se pide a una agencia de noticias es:

 1-Que sea fiable en sus informaciones. Fiabilidad
2-Que las transmita lo más rápido posible. Rapidez.
3- Que sea transversal, llegue al mayor número posible de clientes y que sea inteligible para culturas y sensibilidades diferentes. Transversalidad
4- Que ofrezca una visión plural y contrastada. Rigor
5- Que sea útil para sus clientes. Servicio

Pero normalmente lo más sencillo es lo más difícil de conseguir, porque el periodismo está lleno de encrucijadas y de atajos.

Encrucijadas entre la información, la opinión, la sensibilidad y la ideología del periodista, de intereses creados, sobreentendidos y a veces impuestos, de mediaciones de asesores, jefes de prensa, de prejuicios culturales, sociales e ideológicos de los propios periodistas, de ruido generado por declaraciones, de injurias, de insultos, de opacidades y de falsa transparencia....

 Y de atajos:  atajos por ser el primero aunque no estén todos los puntos conectados, contrastados y verificados, de atajos por encontrar un rápido responsable o culpable de un hecho cuando todavía no se ha juzgado de manera neutral, de atajos para buscar el impacto y la audiencia, de atajos para enterrar un tema y pasar a otro cuando aún ese tema no se ha ni siquiera cerrado, de atajos para sacar conclusiones camufladas de opinión y de prejuicios, de atajos para crear una verdad a base repetir muchas medias verdades, o de dar por verdad sólo una parte, de atajos para explicar el mundo en blanco y negro, sin reparar en los matices,  de atajos para confundir la opinión pública con la opinión publicada, de atajos para convertirse en protagonista cuando sólo eres testigo…
Por eso es tan difícil hacer lo fácil en periodismo: explicar historias basándose en hechos contrastados. En el océano turbulento de noticias, opiniones, declaraciones, testimonios fiables y falsos, de intereses, de blogs, de twits,  las agencias de noticias son un faro que siempre está en el mismo sitio, puede ser que por ello siguen existiendo y han llegado a centenarias o a cumplir 75 años, como es el caso de la Agencia Efe.

 A diferencia de otros medios de comunicación, siempre ligados a un soporte como la prensa al papel, la radio a el transistor o la tele a la televisión, las agencias son el artefacto perfecto porque podrán seguir existiendo saltando de un soporte a otro, sin ligarse del todo a uno. Son capaces de adaptarse a cualquier tecnología, porque la materia prima de las agencias son los contenidos, no el continente. Siguen siendo contemporáneas porque funcionaban en tiempo de internet cuando no existía internet.


1-La fiabilidad

Una agencia de noticias es la sala de máquinas del negocio de la información. Normalmente somos los primeros en llegar a la noticia porque con nuestras corresponsalías estamos cerca de donde pasan las cosas, y seguimos allí cuando aquel lugar deja de ser noticia a través de nuestras corresponsalías. En Efe estamos en 180 ciudades de 120 países, con mesas de edición en Madrid,  Bogotá, Barcelona (català) El Cairo (árabe) y Río de Janeiro (portugués).

Por  eso, cuando explicamos la primavera árabe no tenemos que aprendernos en cuatro días el sistema de partidos en Egipto, o cómo se distribuyen las minorías étnicas en Siria, o buscar cuál es el mejor lugar para transmitir cerca de la Plaza Tahir. Como ya estábamos allí conocemos las claves, los personajes, el contexto. Esto se traduce en credibilidad y somos la primera fuente de información para los periodistas y enviados especiales que acaban de llegar.

 Además, como los medios no pueden tener plantillas que trabajen las 24 horas, en la era internet somos más citados que en la del papel. En el papel la figura era la firma, en internet el protagonista es el hecho, y citar a una agencia en internet es sinónimo de garantía de fiabilidad y credibilidad.

En las agencias no nos jugamos la firma, sino una cosa más importante aún, nuestro crédito. Si fallamos no falla la persona, falla todo el sistema, toda la marca.


2-La rapidez

 La rapidez no es una exclusiva de los tiempos de internet. Las agencias vivíamos en tiempo internet cuando éste no existía. Estábamos obligadas a ser rápidas, a transmitir la noticia antes que nadie para que llegara cuanto antes a las redacciones. Sólo nos ganaban en rapidez la radio y la tele, y no siempre, porque entonces no todo el mundo iba por ahí con teléfonos que grababan sonido e imagen. Antes de internet éramos la fuente de información que activaba todo el sistema, como twitter pensareis, pero con unas pequeñas y no menores diferencias:

1- No damos nada que no hayamos comprobado con nuestros propios medios, no emitimos opinión, no difundimos contenidos de terceros que no hayamos verificado al menos con una fuente.

 2-Hoy día es cierto que twitter se nos adelanta, a veces, pero no siempre es así y muchas veces twitter se equivoca. De hecho, en los últimos seis años ha matado a más gente que no estaba muerta que las agencias en cien años de historia.

Twitter es bueno como radar de lo que se está hablando en el mundo, y a veces de lo que está pasando, pero sobre todo de lo primero. Pero una gran noticia no necesita ser forzada, ni ser "trending topic". Una buena noticia lanzada por una agencia se inyecta en la vena del sistema sin necesidad de que los palmeros digitales la "calienten" en la red y la repliquen hasta el infinito. Una noticia de verdad calla el mundo, el resto sirve para generar ruido.

3-Transversales.

Las agencias son medios de información masivos, transmiten contenidos a miles de medios, de todos los colores, sensibilidades y países. Pueden tener clientes a periódicos de izquierdas y de derecha, laicos y católicos. Por eso la información que ofrecen debe ser lo más aséptica, neutra y ajustada a los hechos, para que pueda ser volcada, si es posible, íntegramente, con titulares informativos y no valorativos.  Hechos, hechos y hechos.

Y es importante subrayar que explicar los hechos no es sólo un ejercicio de periodismo, sino un activo comercial de primera línea, porque si quieres tener el máximo número de clientes, tienes que ser lo suficientemente transversal para ser útil a todos, y si logras llegar al máximo de medios posibles, estás multiplicando tu capacidad de influencia.

Las agencias somos una ventana al mundo y a la vez cronistas de lo local. Por ejemplo, desde la delegación de Barcelona informamos a los medios catalanes y del resto de España de lo que pasa en Cataluña, pero también les informamos de lo que pasa en el mundo y afecta a Cataluña, desde la entrada de una empresa catalana en el mercado americano hasta de una exposición de Dalí en el Pompidou o un desfile de Custo en Nueva York.

Paradójicamente, todo ello nos da una capacidad de influencia sorprendente para lo neutrales que debemos de ser. Por ejemplo, un 80% de la información que circula fuera de Cataluña y fuera de España sobre el intento del Gobierno catalán de hacer una consulta sobre la permanencia en España es de agencias. Por mucho que los medios locales llenen páginas y páginas de información y de opinión al respecto, esa se queda en el tope de sus lectores. Nada comparable a la capacidad de las agencias de hacer circular esa información cada día por los medios de Cataluña, del resto de España y por los medios de Latinoamérica, como es el caso de Efe.


4-El Rigor:

El rigor lo proporciona el equilibrio. Una información, aunque se ciña a unos hechos, debe estar avalada por el mayor equilibrio de fuentes. Por muy evidentes que sean los hechos, no hay que dejar al azar la posibilidad de dar una información sesgada.

No existe la objetividad absoluta del periodista, pero tampoco de la fuente. Por eso, la mejor manera de acercarse a la objetividad es trabajar con rigor, y eso lo da el equilibro, exponiendo hechos, testimonios, opiniones y declaraciones, pero como complemento a los hechos, sin pasar por encima de lo esencial.

5-Servicio.
Las agencias no sólo dan noticias, sino que son una garantía de cobertura y de continuidad informativa.

Decíamos que cuando estalla una guerra o un conflicto las agencias ya solían estar allí cuando llegaban los enviados especiales. Luego, cuando los enviados especiales regresan a su país, o a cubrir otra guerra en la otra punta del globo, las agencias seguimos allí para explicar el día después, cómo se reconstruye el país, las historias que quedaron en segundo plano. Una cosa tan maravillosa, aunque poco mediática, como es la normalidad de un país.

Esto es ser un servicio de información, no sólo un taller de exclusivas. De ese trabajo oscuro, poco valorado a veces, surge la posibilidad de obtener una exclusiva.

-El ejemplo:
Cuando se produce una noticia en mayúsculas, una de aquellas que se escriben cada cien o doscientos años, o más, las agencias de noticia siguen siendo el medio más creíble. Por ejemplo,

El 11 de febrero de 2013 una periodista de Ansa estaba en la sala de prensa del Vaticano, escuchando una aburrida conferencia de cardenales con motivo de la canonización de 800 mártires. Benedicto XVI pidió la palabra y, para sorpresa de todos, anunció en latín que renunciaba a su ministerio. Esto era algo que no había pasado en siglos.

La periodista de Ansa se llama Giovanna Chirri y llevaba 20 años como corresponsal en El Vaticano. No necesitó un twit, ni colgarlo corriendo en facebook. Simplemente sabía latín y lo había escuchado. Como no era un gran acto mediático no había mucha prensa, ni bloguers. Junto a ella había un periodista italiano, un mexicano, dos franceses y un japonés, pero ella sabía latín, estaba allí. Llamó a la agencia, que lo verificó y envió un urgente que dio la vuelta al mundo. Una exclusiva sobre un hecho que no se producía en siglos.

Simplemente había que estar allí, saber latín y tener la suficiente sangre fría para confiar en lo que se estaba oyendo y tener la certeza de que todos los años de preparación, de asistir a ruedas de prensa importantes o insulsas, de haber lanzado miles de urgentes, de flashes, habían valido la pena. Sólo quedaba convencer a su redactor jefe de que había oído y entendido bien. Y este tuvo el sentido común de que, aunque todas las pantallas de los medios rivales estaban en blanco, aunque no había ni un sólo twit al otro lado del Pacífico que lo estuviera diciendo, creer en los ojos y en los oídos de la veterana periodista que estaba en el lugar de los hechos.

Por cierto, la periodista tiene cuenta de twitter y se define como “Vaticanista, pasada de moda” . Y sólo después de enviar el urgente twuiteó la noticia.
Una revancha del periodismo vintage ante tanto punto y tanto cero. Las declaraciones hacen mucho ruido. Las noticias hacen callar al mundo...Aunque sea por un instante.

Este ejemplo Contiene los 5 puntos:

1-Fiabilidad. Ansa tiene una periodista que conoce el terreno, que está en los sitios y sabe latín. No era famosa antes de dar la exclusiva, y seguramente su nombre no os sonaba.

2-Rapidez. Ansa fue la primera en dar la exclusiva, consecuencia de lo primero.

3-Neutralidad. Sin grandes aspavientos ni metáforas. La noticia la entendió todo el mundo, pese a ser increíble.

4-Rigor. Ansa confió en su periodista e intentó verificar la noticia.

5-Servicio. Quien tenía contratada Ansa supo la dimisión del Papa minutos antes que el que no lo tenía.


viernes, 1 de marzo de 2013

Más noticias y menos clicks

Todos fuimos modernos y aún hoy apostamos por el periodismo 2.0. El hipertexto,  el blogger periodista, el periodismo ciudadano, el twit como notícia, el periodismo digital, el ciberperiodista, el periodista multiplataforma, el periodista-orquesta...Nos pudo el ego y pensamos que en cuatro días arreglaríamos el mundo -nuestro mundo, el periodismo-  solitos, enterrando lo viejo, matando dinosauros y siendo los más cool del ciberbarrio. Tocaba un nuevo periodismo. Nos lanzamos a por clicks, enlaces, followers...Para eso había que ser más osados, más creativos, más arriesgados, forzar ese titular casi casi hasta la media verdad, y a veces hasta la casi media mentira...clicks, más clicks, venga más tráfico que así nos contratarán más anuncios y pagaremos las nóminas a final de mes.

Tras seis años de efervescencia ocurre que no hemos encontrado ni un solo modelo de negocio estable. Probablemente, como dice Lluís Bassets en su nuevo libro "El último que apague la luz" no habrá un modelo de negocio en mayúscula, sino múltiples maneras de hacer negocio como se pueda. Cada medio deberá encontrar su camino, y quizás, cuando la situación económica repunte, podremos empezar a encontrarnos por ahí, y entonces, ufanos, diremos que la senda ya está trazada.

Mientras tanto sólo nos queda lanzar piedras. Llevamos diez años buscando el artefacto tecnológico que nos saque de la crisis y todavía no hemos comprendido que lo mejor que podemos hacer los periodistas es seguir intentando lo mejor que sabemos hacer: buscar noticias. más noticias y menos clicks, porque por mucho que nos sigamos, nos repliquemos, conversemos analicemos, opinemos y revisemos hasta el infinito el último video o el último audio, sin noticias contrastadas sólo habrá ruido, opiniones, confusión y, eso sí, mucho bla bla bla. Y todavía alguno confundirá esto con una nueva edad dorada del periodismo.

Lanzar piedras, sí, que no pedradas. Y lo mejor que saben lanzar los periodistas son noticias. Puras y duras noticias. Sin noticias no habrá contenidos dignos por los que pedir un euro, ni siquiera 0,99 céntimos.

Las agencias de noticias lo saben mejor que nadie. No hay mejor twit ni mejor click que una buena exclusiva. Una noticia -ojo, no confundir noticia con una declaración- entra como un torpedo en la panza de un submarino, como un libre directo en el que el portero, cuando mueve el primer músculo, ya tiene la pelota alojada en la red. Una buena noticia no necesita ser forzada, ni ser creativa, ni ser "trending topic". Una buena noticia lanzada por una agencia se inyecta en la vena del sistema sin necesidad de que los palmeros digitales la "calienten" en la red y la repliquen hasta el infinito. Una noticia de verdad calla el mundo, el resto sirve para generar ruido.

El otro día una periodista de Ansa enmudeció el mundo cuando lanzó la exclusiva de la abdicación del Papa. No necesitó un twit, ni colgarlo corriendo en facebook. Simplemente sabía latín y tenía un teléfono a mano para verificarlo por otras fuentes...pero nadie cogía el teléfono al otro lado. "Vamos, lo has escuchado con tus orejas" Lanzó el teletipo y el mundo se quedó sin habla.

Simplemente había que estar allí, saber latín y tener la suficiente sangre fría para, primero, intentar verificar lo que le parecía haber oido y, segundo, confiar en lo que se estaba oyendo y tener la certeza de que todos los años de preparación, de asistir a ruedas de prensa importantes o insulsas, de haber lanzado miles de urgentes, de flashes, habían valido la pena. Sólo quedaba convencer a su redactor jefe de que había oído y entendido bien. Y este tuvo el sentido común de que, aunque todas las pantallas de los medios rivales estaban en blanco, aunque no había ni un sólo twit al otro lado del Pacífico que lo estuviera diciendo, creer en los ojos y en los oídos de la veterana periodista que estaba en el lugar de los hechos.

La periodista se llama Giovanna Chirri, es la corresponsal en el vaticano de la agencia italiana Ansa y es un milagro que a su edad su empresa la siga enviando a cubrir ruedas de prensa. Eso sí, las agencias de noticias siguen enviando a periodistas a los sitios y ella era la única de la sala que sabía latín. Toda una patada de la cultura al ciberespacio. Una revancha del periodismo vintage ante tanto punto y tanto cero. Las declaraciones hacen mucho ruido. Las noticias hacen callar al mundo...Aunque sea por un instante.


jueves, 7 de febrero de 2013

Periódicos como agencias, agencias como periódicos

Es curioso esto de internet y los medios de comunicación. Parecía en su momento que la gratuidad de las noticias y las múltiples posibilidades de distribucion de internet acabarían con las agencias. Somos apocalípticos, ya se sabe. Internet no va a acabar con las agencias de noticias, pero, desde luego, está acabando con su modelo tradicional y estable de negocio.

Y aquí empieza lo interesante, porque lo que aprecio es un recorrido inverso entre los periódicos -primer cliente de las agencias en el anterior modelo- y las propias agencias. Podríamos resumirlo con una frase: Los periódicos se acercan al modelo informativo de las agencias de noticias, mientras que éstas tantean el modelo de negocio de los periódicos.

Me explico. Los periódicos se hacen más agencias: compiten con éstas en rapidez, en difusión, en multiformato, en alertas, urgentes, avisos... Por su parte, las agencias están perdiendo su modelo de negocio basado en periódicos que pagan de forma estable una cuota fija por recibir noticias. No es que los periódicos ya no necesiten noticias de agencias -al contrario, en su mayoría tienen menos plantilla para cubrir información- sino que,, simplemente, desaparecen más que se crean, y los que resisten, se fusionan, presionan a las agencias para bajar tarifas
o directamente se dan de baja para irse a la más barata.

Es ahí que las agencias se ven en la tesitura que los periódicos vivieron a finales de los ochenta y en los noventa. Como los diarios perdían lectores gradualmente fiaron su viabilidad económica a la publicidad, y cuando la pérdida de lectores era ya inexorable, acudieron a las promociones de libros, dvd's, vajillas y otros objetos de lo más dispar. Con esto han ido tirando, de momento....

Pero hablemos de las agencias de noticias. En los últimos diez años las agencias han perdido sus dos activos de referencia: el monopolio de la distribución y la rapidez informativa. Ambas virtudes desaparecieron con internet. Por si esto no era poco, en los últimos cinco años ha ido perdiendo sus "lectores de pago"; es decir, los medios de comunicación, y especialmente los periódicos, que han ido abaratando sus costes de agencias, dándose de baja o bien desapareciendo del mercado.

Las agencias han intentado adaptarse a los nuevos tiempos. Apostaron por el multimedia, pero resulta que los periódicos ya estaban haciendo lo propio, con sus propios recursos y con los bajos costes que le da internet. Apostaron por el video, pero, al menos en España, la ansiada TDT sólo trajo más fusiones y cierres de cadenas. Apostaron por las alertas, pero, para qué engañarnos, eso también lo podían hacer, con sus propios medios y a costes bajos, los diarios, las radios, las televisiones.

Y he aquí el punto de no retorno. Visto el panorama, a las agencias no les queda otra que recorrer el camino que en su día hicieron los periódicos, a la espera de que éstos resistan la crisis y encuentren su propio modelo de negocio. Mientras que los periódicos exploran el modelo informativo de las agencias, las agencias han empezado a explorar el modelo comercial de los periódicos; es decir, la búsqueda de patrocinios, convenios comerciales y la venta al por menor de sus servicios informativos mediante bloques patrocinados por empresas. Sí, han leído bien: empresas, porque las administraciones públicas, antiguas benefactoras de las agencias de noticias, están ahora ocupadas en poder pagar sus nóminas a maestros, médicos y fuerzas de seguridad.



martes, 22 de enero de 2013

Café, postre y teletipos

No lo explicaré con la gracia de Quim Monzó, pero vale la pena contarlo. Un restaurante de Washington ha cerrado un acuerdo con AP por el cual junto a la factura del menú te traen otro ticket con las últimas noticias impresas de esta agencia de noticias.

El medio que cita Monzó, el PrintSignal, asegura: "La idea es ver si boletines de noticias de última hora pueden ser una atención hacia el cliente y al mismo tiempo convertir a los millares de impresoras que hay en los restaurantes en una nueva impresora a nivel mundial. El boletín de noticias da las más importantes del momento, sobre todo las que se hayan producido durante la comida".

Aún sabiendo que este proyecto tiene un futuro incierto, el hecho de que las agencias de noticias estén pensando constantemente en cómo rentabilizar un negocio cuya materia prima, la información, se ha depreciado al céntimo -y a veces ni siquiera eso- es una buena noticia por sí misma, una ventana de esperanza de que no todo está perdido aún. El mundo será un mundo mejor si está mejor informado, incluso si te sirven las noticias en tinta negra junto a una taza de café. Te dejo el enlace


http://www.lavanguardia.com/54361808257/index.html

jueves, 9 de febrero de 2012

Kodak y las agencias de notícias

“A pesar de haber inventado la cámara digital, la empresa siguió adelante con los carretes analógicos”. Un reciente reportaje de La Vanguardia.com  se refería así a Kodak, que finalmente ha anunciado hoy que deja de fabricar cámaras digitales para centrarse en el negocio de impresión de fotografía e impresoras de mesa.

Es toda una ironía renunciar al negocio que tú habrías creado. Las escuelas de negocio se frotan las manos. Tienen un caso de estudio para décadas.

La empresa que daba su nombre genérico a los carretes y a las cámaras fue la inventora de la primera cámara fotográfica digital en 1975. En lugar de aprovechar la oportunidad de futuro puso todos los huevos en la cesta del presente. ¡A toda marcha con los carretes de toda la vida, que es lo que hoy da dinero!  Luego llegaron los de Fujifilm, más pequeñitos, pero más avispados y….

Volvamos a la cita e introduzcamos un pequeño cambio: “A pesar de haber inventado el periodismo de inmediatez y el sistema de distribución masiva de información, las agencias de noticias  siguieron adelante con los clientes de papel y dejaron para un futuro indefinido las oportunidades de internet, ya que el papel seguía siendo aún en los primeros años del siglo XXI el cliente que pagaba más”…

Lo cierto es que el caso de Kodak me recuerda instintivamente el papel –y nunca mejor dicho- de las agencias de noticias ante la llegada de internet y de los grandes google-agregadores de información, que de momento están ganando la batalla de la distribución masiva y en poco tiempo estarán listas para ofrecer contenidos propios (Yahoo ya ha anunciado que tendrá su propio corresponsal en la Casa Blanca)

La buena noticia para las agencias es que, aunque con calendarios ajustados, aún están a tiempo de evitar convertirse en futuro caso Kodak a destripar en las escuelas de negocio. Para ello, las agencias de noticias deberán transitar con habilidad entre un mundo que va perdiendo su hegemonía de forma inexorable –la prensa de papel- y otro –el digital- que ya ha nacido pero que todavía no ha acabado de dar el estirón definitivo.

Concretando: los periodistas de agencia deberán seguir siendo los primeros en transmitir las noticias que emanan del establishment emisor (gobiernos, instituciones, partidos políticos, empresas) pero a la vez deberán hacer un esfuerzo por transmitir noticias que emanan del interés ciudadano. Es un interés global, incierto, difuso y, ¿por qué no?, frívolo a veces desde el punto de vista del periodismo del siglo XX y la primera década del XXI.  Pero a la vez es un interés tan real y tan determinante que el periodismo no podrá hacerse nunca más a su espalda, porque el ciudadano ha logrado con internet conversar de tú a tú con el periodista, y este diálogo ha llegado para quedarse.

Un ejemplo: cuando nos planteamos elaborar un reportaje, digamos por ejemplo, sobre el futuro de la televisión o del libro digital, instintivamente abrimos la agenda y el primer número que marcamos es el del empresario del ramo, el editor o, como muy lejos, el del experto académico sobre el tema. Ese sigue siendo nuestro  primer reflejo, el de plantear el punto de vista que hubiéramos utilizado para nuestros clientes de toda la vida, fundamentalmente el periódico de papel.

Pero las ediciones de los periódicos en internet, los portales y los medios digitales nativos necesitan otro ángulo. En este caso sus audiencias quieren saber si el futuro de la televisión pasa por poder ver el 3D sin gafas especiales, por ejemplo. O si la tinta digital provoca cansancio en la vista y si alguna vez el e-book será capaz de imitar la perfección visual del libro de papel. Esta es la nueva frontera del periodismo, o dicho con palabras menos grandilocuentes, un nuevo punto de vista, un nuevo enfoque directo al corazón del ciudadano….

Clic, clic, clic… Los medios, todos los medios con edición digital quieren tener el máximo de usuarios únicos de sus ediciones en internet. Para ello deberán ofrecer contenidos que atraigan tráfico. Por lo tanto, comprarán los servicios de aquellas agencias que les ofrezcan temáticas que les ayuden a atraer ese tráfico y generar ingresos ante un pastel publicitario hiperfragmentado. Y las agencias deberán mentalizar a sus periodistas sobre la necesidad de ejercitar este Nuevo Enfoque.

Información rápida, creíble, de interés y, además, interesantes. Este es el producto que permitirá a las agencias resolver la ecuación que Kodak no supo o no pudo despejar.


viernes, 30 de diciembre de 2011

¿Tienen futuro las agencias de noticias?


Sí. Y tienen más futuro que presente. Pero hay trabajo por hacer. Si el periodismo vive un proceso de reconversión, las agencias de noticias deben evitar seguir funcionando como los altos hornos. Toca adaptarse a los nuevos tiempos, aunque resulta difícil hacerlo cuando no se sabe con certeza ninguna de las cinco w de lo que se nos viene encima. Pero si las agencias quieren seguir existiendo cuando acabe esta década, habrá que dar pasos más o menos en este sentido:


En el  negocio en general:

1- No más dudas: el futuro es internet. Las agencias de noticias deben aspirar a ser en el campo de la información en internet lo que Google es a las búsquedas: sencillamente, el referente más creíble, útil e inmediato. Y por este orden. Internet es una inmensa autopista de información en la que las agencias deben ocupar el carril central, donde la velocidad es constante y los extremos quedan a un lado. Cuando uno ocupa el carril central, no hay forma de que te adelanten.


2- No más dudas: el presente inmediato ya es internet. El mercado de la prensa ha sido el pilar de las agencias durante los últimos 80 años. Aún lo es, pero fiar esta realidad a cinco años vista es como creer que nuestros hijos seguirán cobrando la paga del abuelo hasta los treinta. Ni el satélite, ni las ondas, ni el papel. Internet es el terreno de juego donde se jugará las castañas el periodismo de agencia. Internet debería ser para las agencias el hábitat natural en lugar de un bosque inquietante. ¿Y por qué?  internet pide inmediatez, información fiable y difusión global e instantánea....pues bienvenidos al mundo en el que las agencias han vivido desde siempre. Si hay un medio de comunicación llamado a liderar la información en internet, las agencias deberían estar ya en pista.  El problema es que aún hay muchos periodistas de agencias que creen que el abuelito llegará a los ciento cincuenta años. Yo era uno de ellos, pero....



En el mercado de medios de comunicación:

1-Velar por las bajas, pero salvar a los supervivientes. Si continúa el actual proceso de fusiones y concentraciones de medios, el resultado final será menos clientes a los que abastecer de noticias. Las agencias deben enfocar su mercado de medios de comunicación en los que sobrevivan, preguntarles qué necesitan y ofrecérselo a un precio  justo. Nos necesitamos mutuamente.


2-A la carta. Las agencias no podrán seguir basando su oferta sólo en servicios al por mayor de noticias "a peso", sino que, dado que el mercado se estrechará -y también el volumen de negocio- deberán apostar por servicios a medida que cubran sencillamente aquello que sus clientes no puedan cubrir después de haber ajustado al máximo sus plantillas. No será tanto un "yo te doy texto, foto, video y tú usa lo que quieras", sino "¿qué quieres exactamente que te venda?, ¿Cómo puedes pagarme? ¿Te interesaría participar en nuestro accionariado?  y establecer paquetes cerrados de noticias, en el formato o formatos que el cliente necesite. Esto, tan sencillo, supondrá una verdadera revolución en la manera de trabajar de las agencias.
 

3- Ser atractivas y útiles. Las agencias deben seguir siendo las principales fábricas de producción global de noticias, pero deben priorizar urgentemente la creación de aplicaciones inteligentes que empaqueten este chorro de información en soluciones atractivas y útiles para los medios. Las agencias deben presentar sus servicios como Ikea empaqueta sus productos: listos para montar y usar. Por supuesto, habrá quien prefiera el producto ya montado. Tranquilos, Ikea también lo hace a cambio de un sobreprecio razonable. ¿Por qué no pueden hacerlo las agencias?


4-Pago por uso. Las agencias seguirán ofreciendo paquetes globales de noticias a los clientes que lo necesiten, pero deberá crear plataformas de pago por noticia para quienes deseen seleccionar sólo aquello que necesiten. Ello obligará a desarrollar plataformas innovadoras y tecnológicamente sencillas de comprender. Cada noticia, foto, video, documento de archivo o corte de voz debe monetarizarse a un precio que pueda pagar desde un medio local a un usuario individual. Además, el consumo de cada noticia será un dato de la utilidad social de la misma.



5- Líderes globales, aliados locales. Las agencias deben ser los líderes globales de la información mundial y los aliados interesados de la información local. El mundo es global, pero las agencias deben intentar salvar lo poco o lo mucho que quede de la información local -donde algunos opinan que radica el único futuro posible del periodismo- ¿Cómo? colaborando. Las agencias deben llegar a acuerdos de colaboración e intercambio con medios de prestigio locales para que las primeras incluyan en sus servicios las mejores historias de las segundas y al revés. Ya que en un tiempo no vamos a poder intercambiar dinero, intercambiemos tráfico, una especie de mercado de futuros para cuando la publicidad se sienta definitivamente cómoda en internet.  Las agencias no pueden existir sin los medios y no pueden permitirse que desaparezca ni el más modesto periódico de barrio. Aquí no sobra ni el último céntimo.



6- Plataformas de veracidad. Las agencias ya no tienen el monopolio de la distribución, pero deben jugar fuerte sus oportunidades como plataformas de jerarquización y de verificación de contenidos. Las agencias deben actuar de reguladores de tráfico de información contrastada y actuar como prescriptoras de todo aquel contenido informativo de relevancia que ha sido verificado y contrastado, incluido el del bloguero solitario, si se adecúa a estos requisitos. Hay que construir canales potentes de información incluyendo a terceros bajo el paraguas de la marca propia.  Se trata de invitar a los medios que comparten un compromiso con la información responsable a viajar juntos por ese carril central. Sin prepotencias ni paternalismos, mediante un contrato basado en dos premisas innegociables: el periodismo responsable y el mutuo provecho económico


7- Fábrica de ideas. Las agencias deben abrir sus portales corporativos al debate sobre el futuro del periodismo. No conozco otro terreno de juego más transversal y más neutral que el de una agencia para que entre todos aportemos ideas para salvar este negocio. Desde el medio más potente hasta el bloguero más humilde. Y además generaríamos tráfico y ese mercado de futuros que algún día nos dará una alegría.


8-Promocionar el futuro. Las agencias pueden ser también plataformas de distribución de buenas historias contadas por jóvenes periodistas. Pueden alcanzar acuerdos interesantes con los patrocinadores de los premios más prestigiosos de periodismo para ayudar a la difusión mundial de esos trabajos incluyéndolos en una plataforma de periodismo de calidad.





En el  mercado de instituciones y empresas: 

1- Ser un vehículo limpio: en la autopista de internet las agencias deben ofrecerse como el vehículo limpio que transporte no sólo la información de actualidad contrastada, sino también la información responsable. En concreto: las agencias deben ofrecerse a empresas, entidades e  instituciones como el vehículo más fiable para transmitir sus acciones en materia de responsabilidad social corporativa, patrocinios y mecenazgo.

2-La publicidad no mancha. Las agencias pueden compatibilizar la transmisión de noticias con la de información de RSC patrocinada. El valor de la marca de una agencia es la credibilidad, y ésta puede ser alimentada por ambas estrategias. La única condición reside en avisar a los clientes de que tal información es una información patrocinada, y recordar que su inclusión en el servicio ha pasado por un control previo de idoneidad desde el punto de vista de la responsabilidad social corporativa. Las agencias ya no pueden vivir de espaldas a las corporaciones, sean públicas o privadas, si existe un objetivo común de crear riqueza colectiva. La sensatez va a ser rentable en los próximos años.
 

3- Informar e inspirar. El mundo de la segunda década del XXI necesita inspirarse en algo. Nunca se han vendido más libros de autoayuda, de yoga y de autorrealización como ahora. El mundo busca en qué inspirarse, las cosas están tan mal que existe un mercado para las buenas noticias y las agencias deben aspirar a conquistar este mercado. Hay que superar el sagrado precepto de que sólo las malas noticias son noticia y reconocer que existe una necesidad histórica de confiar en un mundo mejor. En definitiva, las agencias pueden seguir construyendo su marca con informaciones creíbles, responsables e inspiradoras. La cosa está tan mal que las buenas noticias empiezan a ser escasas, y donde hay escasez hay demanda, y donde hay demanda hay un nicho de mercado.



4- El buen periodismo cuesta dinero. Intentemos que pague un tercero. Hay que cobrar hasta por un breve, pero si hemos acostumbrado a la sociedad a no pagar por informarse, difícil será volver atrás. Las agencias deberán aceptar publicidad y patrocinio si quiere seguir pagando a sus periodistas por elaborar una información por la que el lector no está dispuesto a pagar. Pueden y deben ponerse filtros: publicidad de RSS, patrocinios, mecenazgos, aportación de fundaciones, entrada en el capital de otros medios de comunicación… no es un escenario pequeño. Habrá que detallar a los clientes que se trata de una información con patrocinio, pero o el dinero cae del cielo o del estado de turno –cosa relativamente complicada en estos tiempos- o cada vez será más difícil cubrir las noticias con un periodista sobre el terreno. Y esto es, precisamente, el contrato más honesto que las agencias pueden ofrecer a sus clientes.

Y Feliz 2012, con un poco de suerte.

Teletip@os (Teletipo nómada)

Porque busqué por ahí un blog que sólo hablara de agencias de notícias.



teletipeando

Explicar historias complejas con fórmulas sencillas. Escribir menos sin dejar de explicar más. Calidad = credibilidad